Existen dos motivos principales por los que soy capaz de temblar:
porque tengo mucho frío o
porque pienso en el día en que me dijiste que no me ibas a olvidar. De entre estos dos motivos, cíclicamente tiemblo de frío pero ya
casi nunca pienso en si me has olvidado. El olvido es un abrazo y un puñal. Es como
querer y perdonar a la vez. Es como dolerte.
Supongo que por eso prefiero no pensar en él.
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