26 de abril de 2013

Abro la puerta cansada. He trabajado, no he comido, he volado mucho y he dormido poco. 
Estoy a punto de quedarme dormida pero apareces tú y me ayudas a ponerme el pijama. Ni siquiera te lo agradezco, sólo me desperezo lo suficiente para poder darte un beso.
Te tumbas en el sofá y me invitas con los ojos a hacer lo mismo sobre ti. Yo me coloco como quien busca un foco de calor, así dejo caer mi cara entre tus manos.
Pones tu película favorita, esa que yo siempre me niego a ver. A los minutos adviertes que me estoy quedando dormida y me despiertas mientras soplas tras mis orejas.
Aprovechas mis segundos de consciencia para decirme "Creo que deberíamos irnos a la cama...". Yo también los aprovecho y te contesto "Creo que deberías llevarme tú...".
Me arrastras abrazada hasta la cama y me tapas con cuidado, como quien guardase un tesoro. Te das la vuelta para dejar tu teléfono en la mesa y para cuando vuelves a mirar estoy despierta.
Al principio me miras extrañado, pero luego se te pasa y sonríes... 
Y es que a estas alturas sigo sin saber, para que me pones el pijama si sabemos que me lo vas a acabar quitando...

23 de abril de 2013

Serán los años o esa manía de pronosticar nubarrones en mis días con sólo decirte dos palabras. Será que me has visto caer tantas veces que ya no me avergüenza mancharme en los charcos contigo, llorar como una valiente a punto de suicidarse o incluso pedirte cosas tontas, desde ayuda hasta perdón.
Será que eres la única persona a la que esta prepotente reconoce abiertamente que admira, el único capaz de estirarme la sonrisa en mitad de la tormenta y también el único con valor (y huevos) suficientes para decirme "no tienes razón" y quedarse delante para escuchar como niego con la cabeza y el alma.
Será que los lunes me vuelven imbécil, será que empezar es el verbo que más odio después de "terminar", pero sea por lo que sea... hoy te doy la razón, a todo lo que tú me pidas. 
Y te la daré porque verme crecer no es cosa de cobardes, porque crecer viéndote es cosa de afortunados y porque aunque no te merezca a ti y a tu paciencia seguís aquí, después de tantas estaciones. 
Sea lo que sea; Serás tú siempre.

El primero en mi lista de "cosas que me hacen sentir bien", el que nunca aparecerá en la de "mis errores"... El que acompañará con honores mi extraña definición de "complicidad". 



"El día que te merezca seré una persona increíble. El día que te merezca seré, de lo bueno, lo mejor. Me admirarás casi tanto como yo te admiro, me envidiarás casi tanto como yo a ti hoy ..."
El tiempo no cura nada, pero la saliva todo.  Te toco como nunca aprendí a tocar una guitarra.

Y siento que te vas...

Pero como prometimos quedarnos y no irnos. Vuelvo.

22 de abril de 2013

Casi, casi lo conseguimos.



Pero qué egoísta mi rumbo,
qué realista el destino
y qué cierto
el olvido.

21 de abril de 2013

Algo nuevo tiene que haber. Algo por lo que intentar. 
Yo quiero tu Sol conquistar. Yo quiero tu Sol para ver.

19 de abril de 2013

Cuando lo conocí, pensé que la anarquía era la única reina de su vida. Ya que ninguna mujer pasaba por ella  más de lo estrictamente establecido en el manual de "amores por un rato". Tal vez se pudiera borrar un débil recuerdo de algunas sombras, pero destronar a la primera dama nunca ha estado hecho para mí. Fue dictadura, y de las peores jamás vistas.
Y sin embargo, todavía sigo sin explicarme muy bien cómo, VOLVÍ Y FUÍ DEMOCRACIA (y sigo siéndolo). Y la democracia más limpia y honesta de todas. Porque en las elecciones de cada noche, vuelvo a ganar por mayoría absoluta a todas, incluso a todas las anteriores que pasaron por él.
No me hagas el amor. Hazme amor a mí.

2 de abril de 2013


Me dices que a veces no parezco yo. Que a veces parezco sólo el recuerdo de algo especial. Que a veces ni siquiera parezco y puede que tengas razón.
A veces también sé que parezco más de lo que soy, pero no puedo dejar de preguntarme que sería de mi o de ti sin lamernos las heridas, sin pisarnos las pisadas y sin recoger dentro de palabras el contenido entero de nosotros. Que yo no quiero contarle mi vida a nadie que no seas tú, porque cuando uno quiere salvarse no pide auxilio, ni pide ayuda, simplemente busca la manera de sentirse protegido. Y es fácil y difícil a la vez pero yo te busco a ti.
Puede que para mi esa salvación sean tus ojos, pero puede también que eso sea por mi estúpida tendencia a sentirme insegura e indefensa, a encoger delante de gigantes y a tropezar antes de emprender la huida. Puede que mi propia libertad sea mi mayor debilidad, o que en verdad sea más valiente de lo que creo, pero eso no lo tengo tan claro. Lo único que tengo claro es que si no estás me cuesta andar, tocar el cielo, correr, beber despacio, manejar por el lado correcto de la calle, cocinar tarta, comer chocolate, respirar, pensar en canciones, describirte, mojar las galletitas en la leche, pensar en la vida y la muerte y en los días que transcurren entre ambas,  enjabonarme la espalda en la ducha, levantarme de la cama, averiguar qué tomar, donde bajarme y para donde salir corriendo, sonreír, abrir las ventanas, y cerrar las puertas del placard.