26 de abril de 2013

Abro la puerta cansada. He trabajado, no he comido, he volado mucho y he dormido poco. 
Estoy a punto de quedarme dormida pero apareces tú y me ayudas a ponerme el pijama. Ni siquiera te lo agradezco, sólo me desperezo lo suficiente para poder darte un beso.
Te tumbas en el sofá y me invitas con los ojos a hacer lo mismo sobre ti. Yo me coloco como quien busca un foco de calor, así dejo caer mi cara entre tus manos.
Pones tu película favorita, esa que yo siempre me niego a ver. A los minutos adviertes que me estoy quedando dormida y me despiertas mientras soplas tras mis orejas.
Aprovechas mis segundos de consciencia para decirme "Creo que deberíamos irnos a la cama...". Yo también los aprovecho y te contesto "Creo que deberías llevarme tú...".
Me arrastras abrazada hasta la cama y me tapas con cuidado, como quien guardase un tesoro. Te das la vuelta para dejar tu teléfono en la mesa y para cuando vuelves a mirar estoy despierta.
Al principio me miras extrañado, pero luego se te pasa y sonríes... 
Y es que a estas alturas sigo sin saber, para que me pones el pijama si sabemos que me lo vas a acabar quitando...

No hay comentarios:

Publicar un comentario