17 de septiembre de 2011

Al fin y al cabo, ¿de qué hablo cuando hablo de ti?

De decir muy rápido todo lo que no nos gusta y muy despacio todo lo que nos da sentido. De repetir trescientas veces por minuto que soy feliz porque en ti existe todo lo que necesito y que alguien nos puso en el mismo camino. De apagar luces y crear incendios que se apagan con tu sueño. De saber que en todo aquéllo que vivimos quedan nuestros recuerdos y sonreír al pensar -al saber- que algún día serán la vida entera.
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