Saber que la puerta esta abierta, pero nos quedamos ahí.
Y nos quedamos porque el amor nos necesita y lo necesitamos, porque el encuentro de dos seres que se aman es el verdadero milagro, el más difícil, el más importante.
Hubiéramos podido cruzarnos por ahí sin vernos, mirando hacia otro lado, distraídos… O haber pasado a diferentes horas por el mismo lugar, o no haber pasado nunca… Y no nos hubiésemos encontrado.
Tuvo que haber un “algo”, un mandato divino, una muy bien estudiada casualidad, para que, entre los cientos millones de habitantes del mundo, vos y yo, coincidiéramos en el mismo lugar al mismo tiempo.
Y que vos supieras.
Y que yo supiera.
Para que alguna vez, los dos supiéramos…alguna vez, quizá, que hacer el amor es siempre un estreno, como enamorarse, y no es subir, volar a las estrellas, sino traerlas a nuestra tímida arquitectura de barro, a nuestra geografía imperfecta, para que las estrellas produzcan el luminoso incendio, el fuego purificador que transforma la carne en todo el cielo…
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