Lacan nos enseña que el amor, no es sin odio. Y le inventa un nombre: odioenamoramiento. O la pasión en su doble cara: amor y odio. Nos dice que amar es esencialmente querer ser amado, que el amor pide amor, exige reciprocidad, pide sin cesar aún y más aún, y que por eso puede producir estragos. Porque, matar el deseo con tanto amor, ¿no es, en definitiva, una forma del odio?
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